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Sandía rayadaTodos recordamos que hace unos años la sandía tenía una semilla oscura y dura. Sin embargo los consumidores hemos decidido que preferimos la que no tiene pepitas, o por lo menos la que tiene la pepita blanca y blanda. Este es uno de los dos factores principales que han hecho que el cultivo de sandía haya cambiado mucho en los últimos 10 años.

La sandía, como tantas plantas, necesita que la flor masculina polinize a la femenina para conseguir un fruto. Sin embargo, en esta nueva variedad de sandía sin pepita, la flor masculina no puede polinizar a la femenina porque su polen es estéril. Así que ahora, por cada dos o tres plantas sin semilla hay que poner lo que se conoce como polinizador, una sandía de otra variedad, de polen muy fértil, es decir, con alta aptitud de polinización. Esta variedad polinizadora puede ser desechable o no, según el sabor y coloración de su fruto puede ser apta para el consumo o no serlo. Debe ser claramente distinta a la vista para facilitar el trabajo de cosecha.

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El segundo factor que ha cambiado la forma de cultivar esta fruta son los hongos de suelo como Fusarium, debido a la repetición de cultivos y contaminación de los suelos. Estos hongos han hecho estragos en los cultivos de sandia tradicionales, con pérdida masiva de plantas y por consiguiente de producción. La solución, de lo más ingeniosa, es cambiar la raíz de la sandía por la de la calabaza, que es resistente a este hongo, además de tener una mayor producción y ser una planta más vigorosa. Esto se consigue con una técnica de semillero conocida como el Injerto. Como la mayoría de nuestros cultivos, la calabaza y la sandía crecen primero en el semillero. Cuando ambas plantas tienen un tamaño de unos 15cm se realiza un injerto y, después de unos días, se corta el ápice de la calabaza y la raíz de la sandía, asegurando la soldadura entre ambas. Así es como es plantada en el campo, con una raíz más resistente al hongo Fusarium y por tanto, plantas mucho más viables y productivas. A pesar de que el injerto puede mermar el sabor del fruto, el 100% de la sandía que comemos hoy en día es injertada. Para mejorar la calidad se implantan técnicas de cultivo, como por ejemplo, fertilizaciones y manejo de riego, enfocadas a mejorar el contenido de azúcares de los frutos.

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Una vez en el campo, el cultivo se cubre en una especie de microtuneles formados con varillas de alambre y plástico pues la sandía es un cultivo muy exigente y necesita temperaturas altas en su inicio para poder crecer. Luego se retira esta estructura y se llevan al cultivo colmenas de abejas que ayudarán a la polinización de la flor femenina durante 15 o 20 días. Para que la sandía esté rica y tenga un grado de azúcar alto, una vez elegida la variedad correcta según la zona y los meses en los que se cultive, hay que tener en cuenta que es un cultivo que necesita mucha agua y que el fruto debe cortarse cuando ya esté maduro. Esto es algo que este año se está notando mucho, gracias a las exigencias del propio consumidor

Nosotros cultivamos sandía temprana (de finales de mayo a mediados de junio) en invernadero unas 20 hectáreas, pero la mayoría de nuestra producción se está cosechando ahora al aire libre, y así seguiremos hasta finales de agosto, en las 110 hectáreas de campo de la zona de Palomares. De este cultivo el 70% es de sandía negra (la verde oscura) sin pepita y el 30% es de blanca (rayada) también sin pepita. Otras empresas más especializadas en esta fruta de verano, tienen ya variedades con la carne amarilla o naranja, también de tamaño mini. En España tradicionalmente nos gusta la sandía de gran calibre, las de tamaños más medianos se usan para exportación.

¡Disfrutad mucho de esta fruta de verano! Esperamos que os haya gustado el post 🙂

 

 

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